Improv. #86 Huida

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El hombre es un maestro de la huida. Houdini sólo hizo un espectáculo de ello y les cobraba a los demás por no verse reflejados en ese espejo. El circo, el suspenso, las luces, la escenografía, el espectáculo como imagen especular del interior humano ¿Quién mira a quién en esa arena?

Improv. #85 Arte Sacro

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No podía evitarlo; sentía o me parecía que, desde detrás de los cristales, me miraban unos niños de rostros viejos. No me refiero a niños víctimas de esa enfermedad que los hace envejecer prematuramente; no. Sino a niños que se parecían más a los que nos muestran las pinturas sacras del medioevo; niños que nos miran como si tuvieran cuarenta años y que parecen tener cuarenta años en el rostro pero que sin embargo aún se aferran al pecho de la madre. Pero las pinturas se movían. Nunca hablaban y rara vez lloraban; sólo se movían en silencio, miraban hacia los lados, buscaban el pecho materno, y penetraban a quienes pasaban con esa mirada penetrante y vacía. Todos y cada uno encerrado en los límites de su realidad. Tal vez esos límites fuesen sólo cuatro, como el marco del cuadro que supongo que los contenía; tal vez fuesen más, nunca pude saberlo y no sabía que nunca lo sabría. Es difícil entenderlo cuando ni siquiera se tiene la imagen o el concepto de un espejo.

Improv. #83 Efímero

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Todos los ojos estaban puestos en mí, entonces fue que les espeté mi felicidad en la cara. Fue una especie de pequeña, inútil, efímera venganza. Pequeña e inútil porque en definitiva, todo lo es; efímera porque unos segundos después ya nada tendría sentido, si es que alguna vez algo lo tuvo. De todos modos ellos, la masa ignorante, se había quedado en silencio y sin entender del todo lo fútil de todo aquello; tanto de mi despechada actitud como de su presencia o de su incomprensión. Dije efímera. La trampa bajo mis pies se abrió para siempre.

Improv. #81 Bajo control.

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El alto grado de especialización en el arte del espionaje al que el gobierno del país de Crevordia había llegado, hizo que un alto funcionario del entorno presidencial —uno de esos funcionarios siempre dispuestos a hacer ver que hasta duermen pensando en su trabajo— dijera: “¿Y quién espía al espía?” Así que de inmediato comenzaron a moverse los engranajes necesarios para hacer que aquellas personas que se dedicaban al espionaje fuesen considerados dignos de duda y, por ende, que fuese necesario vigilarlos a ellos también; “…después de todo, ésa es la base del sistema democrático” —fueron las palabras de otro funcionario de no menor rango que el primero—. Entonces se llegó al punto en el que A era espiado por B; B era espiado por C; C era espiado por D, etc. y todo parecía estar bien. Hasta que alguien hizo notar (alguien de rango menor, por lo visto, ya que su nombre no quedó en la historia oficial o ni siquiera en los registros burocráticos) que si se seguía la cadena hasta sus últimas consecuencias, aún restaba Z, quien no era controlado por nadie (para aquel entonces ya no se hablaba de espías; sino de controladores y controlados). Por fin, luego de mucho debatir opciones y soluciones varias, alguien (Alguien³) propuso, con impecable lógica y practicidad, contratar a A para que controlara a Z. Así se hizo y a partir de dicho momento el país de Crevordia vivió tranquilo y seguro sabiendo que todo estaba, al fin, bajo control.

Improv. #81 Sincronización

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Punto por punto, la impresora 3D iba creando lo que la computadora le indicaba. Cuando terminó —apenas tres horas después de haber comenzado—, la impresora y la computadora lanzaron un pitido sincronizado señalando la finalización del trabajo. Segundos después un llanto agudo llenó la habitación. La pareja entró casi corriendo con una sincronía similar a la de los aparatos negros que estaban sobre la mesa de trabajo. El niño era exactamente como lo habían diseñado. Con esos ojos, ese color de cabello, esa boca y con todos los elementos que tan minuciosamente habían elegido.

Improv. #80 Tontito…

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— Te amo.

— Jjjjjj… —Ríe de un modo extraño, como si no pudiera hacerlo con vocales incluidas—. Iluso ¿Todavía crees en el amor?

— Sí, claro, como todo el mundo.

— No querido, ya nadie lo hace. Estamos en el Siglo XXI, no lo olvides.

— ¿Por qué tan solo no me matas y ya?

— Jjjjjj… tontito… —Dice con ternura mientras acaricia mi frente, detiene su mano en mi mejilla y me mira fijamente—. ¿Qué crees que estoy haciendo?