Improv. #42 Mojolofrástico.

Mi Mojolofrástico está encerrado en una caja forrada en terciopelo rojo. Hace dos días que no lo dejo salir de allí y lo hago por su bien. Cuando lo libero comienza a volar como todo Mojolofrástico que se precie, como una sutil voluta de humo azulado recorre toda la estancia e intenta escapar a través de las ventanas (los Mojolofrásticos, al igual que las moscas, desconocen la existencia y la esencia de los cristales). Me da pena tenerlo allí, encerrado; pero no será por mucho tiempo. Mi amigo Salvador prometió conseguirme para mañana una Mojolofrástica preciosa. Dijo que sus volutas son de un rosa pálido con un leve jaspeado verde esmeralda. También me dijo que, cuando un Mojolofrástico conoce a su correspondiente Mojolofrástica, puedo dejarlos libres -incluso con las ventanas y las puertas abiertas- ya que, en pareja, ellos nunca abandonan el lugar donde se conocieron.

(Con el permiso de Viva, espero).

Improv. #41 Edificio VIII

Ángeles, demonios, dioses. La exposición antropomórfica de las imaginerías religiosas sería suficiente para demostrar la falsedad de sus creencias y de sus dogmas. H se postra ante un ángel y teme a un demonio que es casi idéntico al primero, sólo difieren en el color –típicos y psicológicamente evidentes: blanco y rojo—y en la expresión de sus rostros. Algunas noches, en sueños convertidos en pesadillas, uno de ellos se transforma en el otro y H despierta temeroso de un castigo. Entonces H se hinca de rodillas y pide perdón.

Improv. #40 Astucia china.

Antiguamente, el país de China era mucho más pequeño de lo que es hoy; fue entonces que decidieron que era necesario expandir sus fronteras. Con la proverbial astucia y paciencia de este pueblo -el que puede esperar décadas o centurias hasta que un hecho determinado ocurra- construyeron la hoy famosa muralla. Ésta se encontraba ubicada mucho más al sur de lo que se encuentra hoy, y fue su lento, gradual, e incesante avance lo que les permitió ganar miles y miles de kilómetros de terreno. ¿quién podría argumentar algo en contra de ello? Cuando alguien denunciaba el robo de parte de sus cosechas o de su territorio los chinos se miraban con asombro unos a otros mientras se decían “¿Pero es que es eso posible?” “¿Acaso los muros caminan?”

Hoy, con los avances tecnológicos actuales es posible determinar la posición exacta de cada piedra, entonces desde hace unas cuantas décadas la muralla está siempre en el mismo lugar, inmóvil. los chinos del lugar se miran unos a otros con asombro fingido y le dicen a quien quiera oírlos: “!Por supuesto que siempre estuvo ahí¡ ¿Es que acaso los muros caminan?” En contrapartida, han encontrado otro uso para esos kilómetros y kilómetros de roca; hoy los que se mueven son los turistas que van de aquí para allá y nunca dejan de maravillarse de esa larga muralla inmóvil.

Improv. #39

Hay muchísimos mensajes:

notas pegadas en la heladera

listas de compras

tarjetas de cumpleaños o de navidad

recordatorios en las agendas

“cuadernos de comunicaciones”

boletines, avisos, propagandas,

noticias de última hora

notas de suicidas, panfletos.

.

Pero también están aquellos

que no necesitan letras de molde

para llegar hasta nosotros:

besos, miradas de frente

o de soslayo, sonrisas,

espaldas por brazos abiertos,

silencios, gemidos, guisos fríos,

caricias casuales, miradas desviadas,

sonrojos, aplausos, lágrimas,

botellas vacías, vasos volcados,

píldoras en la mesita de noche.

.

El mundo es un lugar maravilloso

si uno se niega al analfabetismo

del cobarde, a la tibia nada

de la muchedumbre.

Improv.# 38

Yo conozco esa línea de sombra

De la que habla Conrad.

Se extiende desde las uñas y

parece formar una garra.

Otras veces se vuelven hacia mí

y cubre mis manos

y forma unos lindos guantes

de cabritilla subcutánea.

A veces es sombrero, anteojos

(pero nunca antifaz)

corbata, anillo, corazón

Y documento único de identidad.

 

Improv. #37 Medusa.

Harta de soledad, la Gorgona aprendió a esconderse entre las columnas de su templo, desde allí observaba a cada hombre que entraba. Esperó hasta que un día entró él, ella no sabía su nombre, pero supo que era él. Se escondió detrás de la columna central, la mayor de toda aquella estancia, y, sigilosamente fue rodeándolo para que el joven no pudiese cruzar su mirada con ella. Con astucia infinita se acercó por detrás, le tapó los ojos con la mano izquierda y con la derecha lo desarmó, arrojando la espada lejos de ellos. Le habló suavemente al oído, sus palabras fueron dulces y sabias, el joven escuchó durante minutos aquella deliciosa voz que a su lado murmuraba palabras de amor. Cuando su respiración del joven se volvió lenta, rítmica, indicando así que se encontraba en total calma, la Gorgona le arrancó, con un movimiento veloz y certero, ambos ojos. Esta vez le llevó algo más de tiempo calmarlo, pero ésa era la única manera en que podrían estar juntos sin que él se convirtiera en piedra. El amor todo lo puede.

Improv. #36 Estética.

El éxtasis del esteta. El cirujano abre el cuerpo con un corte longitudinal extenso, las pinzas separan los hemisferios carnales; los órganos brillan empapados en fluidos viscosos. El cirujano ha estudiado la disposición de esos órganos y su funcionamiento y su interrelación. También los ha visto decenas de veces en intervenciones similares a la que está llevando a cabo; pero esta vez es diferente. Un rayo de luz que sólo él ve, un calor que sólo él siente, un murmullo apagado que sólo él oye le permiten ver como algo nuevo y único lo que tiene ante sus ojos. De un modo que reunía y unificaba todo aquello bajo una visión de unidad y belleza, el cirujano detuvo en el aire la herramienta precisa y su movimiento. Ante la inefable belleza de lo que estaba observando, sus ojos se llenaron de lágrimas y de su boca se deslizó un hilo de tibia saliva que humedeció, no  imperceptiblemente, su barbijo.

Improv. #33 Amores perfectos.

No he sentido amor más fuerte e inmortal que el que he sentido por ella, por Iris. Nuestros cuerpos nunca llegaron a tocarse, nuestros labios nunca estuvieron más cerca que cuando nos besamos en las mejillas adolescentes, tímidas, inexpertas. Luego el tiempo pasó; los caminos, lentamente, se fueron alejando, y nunca volvimos a vernos. Aún pienso en ella. Aún la imagino como en la escena del amor arquetípico.

Ante la imposibilidad de ardores voluptuosos, el platonismo nos compensa con amores perfectos.